diumenge, 6 de juliol de 2008

Carta abierta a Peter Moser

(Vaig escriure aquesta carta com a resposta a l'article a l'Expansión del passat 27 de juny del responsable de la Cambra de Comerç Alemana a Espanya, Peter Moser. Vaig intentar, sense èxit, que en fes difusió en el mateix mitjà. L'he enviada directament a Peter Moser a través de l'email que surt a la web de la Cambra de Comerç Alemana a Espanya)

He leído con atención, interés y un punto de decepción su artículo Política lingüística versus inversiones extranjeras en el que, como Director Gerente de la Cámara de Comercio Alemana para España, alerta de los riesgos de un excesivo celo de las políticas lingüísticas de las autonomías con lengua cooficial.

Déjeme empezar con el principal punto en el que estoy plenamente de acuerdo con usted: no existe un problema lingüístico, tal y como usted mismo afirma cuando escribe que “nos consta que en las plantillas mixtas de empresas alemanas que operan en España, donde trabajan conjuntamente empleados castellanohablantes y empleados que hablan las lenguas autonómicas, la convivencia y la comunicación entre ellos y con sus clientes es una realidad sin problemas”. Cierto. Esta afirmación no es trivial en un momento en el que se están impulsando manifiestos que denuncian la persecución del castellano, donde se presenta un conflicto irreal. Por favor, haga pedagogía de que las lenguas conviven sin ningún problema.

Bueno, de hecho sí existe un problema lingüístico, de fondo y de forma permanente, pero es un problema que no se suele apreciar fuera de las comunidades con lengua propia: se puede vivir plenamente sin saber la lengua oficial de la comunidad y utilizar siempre el castellano, pero es imposible vivir plenamente usando una lengua cooficial diferente del castellano. Se podría pensar que con el castellano es suficiente, pero al igual que usted apela a la libertad de las empresas a comunicarse con sus clientes en el idioma que quieran, yo apelo a los derechos lingüísticos de los ciudadanos a ser atendidos (o al menos entendidos) cuando se expresan en su lengua propia.

Propone dejar esta autorregulación al mercado. Tengo una duda. ¿Se refiere a todas las lenguas oficiales, o solamente a las lenguas autonómicas? Porque no tendría sentido regular sólo la obligatoriedad del español, y no el uso de las otras lenguas, que son justamente las que tienen dificultades para subsistir. ¿O sólo se deberían proteger las lenguas que tienen estado propio? ¿No son todas las lenguas un patrimonio común que hay que preservar y promover?

Para tranquilidad de las empresas extranjeras que se planteen estas cuestiones, y para las empresas españolas que actúen en regiones con lenguas cooficiales, hay dos aspectos de su artículo que no son tan graves como usted comenta. Por un lado, se refiere a la dificultad que pueden tener directivos extranjeros para escolarizar a sus hijos en español. No se preocupe, el sistema escolar catalán (que conozco en más profundidad, pero que seguro que aplica a otras comunidades), asegura que los niños tengan plena competencia lingüística en español. Hable con directivos que estén viviendo en Catalunya, y se lo podrán confirmar. Sus hijos aprenden y tienen el mismo nivel de castellano que en otras partes del estado, pero además se enriquecen con una lengua y cultura diferente. Por otro lado comenta los costes derivados de tener una lengua oficial además del castellano, y se refiere a la traducción de determinada información. De hecho, es poca la información que hay que tener en los dos idiomas oficiales (en la mayoría de sectores, prácticamente nada) y, de hecho, opino que es insuficiente ya que no se protegen los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos. Estoy de acuerdo en que deberían ser las propias empresas, autóctonas y extranjeras, las que deberían mostrar la pluralidad lingüística de la comunidad sin necesidad de regulación, pero unos mínimos es necesario asegurarlos. No le niego, por último, que tiene razón cuando habla de un exceso de regulación. Existe a nivel autonómico, y también a nivel local, estatal y europeo. Tiene mi apoyo cuando denuncie esta circunstancia a todos los niveles, y no sólo el autonómico.

Por último, una petición: transmita a las empresas que representa que tengan la misma sensibilidad lingüística en el estado español que seguro que tienen en otros países con varias lenguas oficiales, como Bélgica, Suiza o Canadá. Y, al igual que defiende a compañías como Air Berlín de comentarios totalmente desafortunados y fuera de contexto que ofenden a todos los alemanes, denuncie también la falta de sensibilidad que ha tenido esta compañía ha tenido a la sugerencia de utilizar el catalán.

P.D. Venga a Catalunya o a cualquier otra comunidad con lenguas cooficiales y descubra la realidad que le comento. Hable con la gente de la calle, con empresarios, vaya a tiendas, restaurantes y museos. Las lenguas conviven en paz, no hay ningún conflicto. El único problema es que existe una lengua, la propia de la comunidad autónoma, que necesita mayor protección, ya que su uso decrece, y no se puede usar con normalidad en todos los ámbitos de la esfera pública y privada. Esta protección representa un coste, cuando existe, muy reducido. Y cuando vuelva de la visita, hable con sus colegas españoles para hacer pedagogía de lo que verdad pasa. No le voy a negar que le escribo esta carta porque es alemán. Si fuera español seguramente no lo habría hecho: se me han acabado las ganas, fuera y energía, a mí y a mucha gente, de hacer más pedagogía de Catalunya en España.

4 comentaris:

Anònim ha dit...

Como integrante del equipo de trabajo de Peter Moser, sólo quería informarle que él vive en Barcelona, aunque está muchas veces en Madrid por tema de trabajo.

Salva ha dit...

Buena noticia que viva en Barcelona y que pueda observar la realidad lingüística de Catalunya en primera persona.

Josep Pinyol ha dit...

Té Suïssa problemes d'inversions estrangeres tot i el seu plurilingüisme?. En té Bèlgica o el Canadà que també tenen diverses llengües oficials?. No, perquè les empreses que hi inverteixen ho saben. Als segells i a les monedes, als rètols de les ambaixades, en tots la seva projecció exterior els estats suïs, belga o canadenc es manifesten com estats pluriculturals. Les empreses que hi volen invertir fan els seus plans de personal, de màrqueting, de relacions amb els clients respectant la diversitat lingüística. El problema és que l'Estat Espanyol es projecta a l'exterior com estat uniforme lingüísticament.

Salva ha dit...

Josep, jo no ho hauria explicar millor